1.5.09

Entrega de Premios del Concurso Literario del I.E.S. María de Molina.


Miércoles 23 de abril de 2009


TRES O CUATRO CENAS




“Tiene la asombrosa capacidad de sonreír a cada momento. A pesar de todo.
Unos ojos almendrados esconden cantidad de paisajes, de noches, de largos caminos, de amores y de sonrisas que un día se anclaron en su mirada y nunca más volvieron a salir.
A ojos ajenos pudiera parecer emocionalmente inestable pero sólo es la esencia mal captada de una mujer a la que le costó entender el sentido de la vida.”
Esta era la parte que más gustaba a Daniela del retrato literario que Teo hacía de ella. No llegó a entender cómo, en tan poco tiempo, había conseguido llegar hasta donde nadie antes lo había hecho. Tres o cuatro cenas, y unas cuantas confesiones más, habían sido suficientes para entender que quería formar parte de su vida, de su música.
Iba al parque de los árboles más altos de Madrid a leer libros de filosofía con el único propósito de pensar y disfrutar de una agradable lectura; sola, acompañada de los mejores pensamientos de la Historia. Si por ella fuera pasaría así, al menos, un rato cada día.
Compartía con Teo esta afición, aunque él prefería la novela policíaca de escaso valor literario. Le hacía reír cuando comentaba algo sobre Platón que acababa rimando con alguna tontería suya, sólo por decirle que, si esperaba encontrar alguna idea profunda o una lírica sublime, debía cambiar de sección en la librería.
La suya era una historia curiosa. Tanto como sus respectivas formas de ver el mundo. Mientras ella no alcanzaba a comprender por qué tanto interés por intentar hacer posible la vida en otros planetas cuando se estaba imposibilitando en el propio, Teo reflexionaba sobre el poder que tenía la sociedad en el comportamiento de los individuos. Ambas formas de pensar confluían en algo: ninguno iba a dejarse guiar por nadie.
Y quizá fue esto lo que hizo que surgiera algo especial.
En la primera cena Teo habló de su infancia en un pequeño pueblo, Tauba, y de cómo, por golpes de azar, había acabado estudiando fotografía en Madrid. Le contó lo que le había costado dejar allí a sus padres. Sabía que le necesitaban pero a la vez entendían que debía forjarse un futuro en un mundo que no da segundas oportunidades. Un dolor inmenso al unísono de una gran sensación de culpa palpitaba en el cuerpo de la chica, de repente. En un momento, pensó: “No dejes nunca de hablar”.
Ella le contó una extravagante teoría suya acerca de lo que es el mundo y la naturaleza de sus gentes: “el mundo está formado por millones y millones de burbujas”-dijo-. “Queremos pensar que éstas tienen vida propia pero las manejamos nosotros, con nuestros actos y nuestros pensamientos. Sería muy cómodo que se movieran solas y nos condujeran, sin hacer el mínimo esfuerzo, hacia lugares bonitos y misteriosos. Pero lo cierto es que nos esforzamos por romper las burbujas de los demás sin caer en la cuenta de que al mismo tiempo se está rompiendo la nuestra.” Teo escuchaba maravillado la teoría de su nueva amiga, aunque no pudo evitar que su mente fuera al lugar en el que un día haría la mejor foto de su vida.
Gracias por la cena.

Ella acostumbraba a guardar los malos pensamientos bajo la cama pensando que, de esta forma, se fusionarían con el polvo y desaparecerían. Lo mejor de todo: le funcionaba.
Desde que conoció a Teo, Daniela pudo decir que, al fin, se había librado de ese dolor existencial que le acompañaba desde hacía algún tiempo. Aún no había encontrado el sentido que quería darle a la vida pero notaba que se acercaba.

Otro día, Teo preparó una buena cena y descubrió la pasión de Daniela por la música; tocaba la viola desde que tenía uso de razón. Prometió que un día daría un concierto para él.
Comentó también algo sobre un viaje a Nepal. En principio parecía un particular viaje con lo anecdótico del lugar. Pero, según la iba escuchando, Teo notó que quizá para ella tuviera más significado del aparente. Y así era.
Daniela contó cómo, a partir de entonces, tras ver sinceramente cómo era la vida allí y darse cuenta de las ínfimas posibilidades que aquellas personas tenían, un dolor existencial se apoderó de ella de tal forma que incluso le parecía que formaba parte de sus huesos.
Hizo que se tambalearan sus principios y valores, su forma de vivir y de plantarle cara a la vida. Recapacitó y llegó a la certera conclusión de que sólo encontraría (de nuevo) el sentido de la vida viajando allí de forma definitiva, viviendo con las personas que habían hecho de ella lo que en ese momento era.
Teo sintió una profunda empatía con Daniela e impulsivamente dijo: “Si quieres, te hago un hueco en mi burbuja” Ella se quedó perpleja pues se acordaba de lo que le contó en la primera cena.
Sin embargo sabía que eso no sería posible. Las burbujas eran tan personales que no podían compartirse. Debía conformarse con el roce más cercano. Con una condición: no podía romperla.
De pronto volvió a acordarse de aquella foto de su vida.
En otra ocasión, después de una magnífica noche cantando y saltando en un concierto de heavy, ella le dijo: “Te acompaño a casa”.
Y le acompañó hasta la cama.
Por la mañana él no estaba pero encontró un papel con varias notas en sucio. Sonrió. Era parte de su retrato.
“En su personalidad comparten espacio una sensibilidad extrema y una iniciativa tal, que coarta a quien se cruce con ella. Sin embargo nadie pasará por su vida quedando indiferente; es capaz de mover en las personas la fibra precisa en el momento idóneo. No puede evitar enfadarse con el mundo, aunque no pierde la esperanza de reconciliarse algún día con él.
Se llama Daniela”.

Allí estaban los dos, bajo los árboles más altos de Madrid, planeando un cercano y definitivo viaje a Nepal. Se miraron e hizo la foto.

Ángela Musat de León

2º Bachillerato B


Tizona

-Vaya semanita que llevo, de un lado para otro empaquetada es ese horrible poliespan que ponen ahora. Menos mal que por fin se han decidido a exponerme es esta sala porque ya me estaba cansando. Que una ya no tiene veinte años…
-¿Quién habla por ahí?
-Soy yo chico, detrás de ti, mira bajo el retrato.
-¡Ah! ¡Qué susto!
-Tranquilo, no es para tanto.
-Ya…es que no se ve todos los días una espada hablando.
-Tienes razón, pero es que a mí me gusta mucho hablar. Por cierto, ¿no sabes quién soy?
-No, lo siento.
-¿Tan rápido olvida la gente? Soy Tizona, la espada del Cid. Gracias a mí ganó numerosas batallas y se convirtió en un héroe.
-¿Quién era el Cid?
-El valeroso hombre que ves aquí fielmente retratado. Fue un caballero de la Edad Media que viajó desde Burgos hasta Valencia para recuperar su honor.
Fue un gran hombre, y yo su fiel compañera que nunca lo abandonó. Me contaba sus preocupaciones y secretos y yo le aconsejaba.
-¿Luchasteis en muchas batallas?
- Ya lo creo, en cientos. Era maravilloso sentir cómo me cogía con esa seguridad y a la vez con tanta delicadeza; y cómo me ceñía a su cintura después. Me cuidaba mucho, le echo de menos…
Oye chico, tu grupo se va.
-¡Es verdad! Me había olvidado de ellos. Tizona, me ha encantado conocerte, pensé que la visita al museo iba a ser un rollo pero gracias a ti ha sido… mágica.
-Me alegro, hasta la próxima.

Maya García Pérez. 1º Bachillerato A

30.4.09

El tiempo cambia a las personas




Me encuentro llorando porque al final mis preguntas han sido resueltas. Para que os enteréis mejor empezare desde el principio. Cuando nací era muy pequeña con poco pelo, los ojos un poco rasgados y no podía casi ni abrirlos. Mi ropa era muy vieja, sucia llena de agujeros y mi cabeza solo pensaba en comer. Ahora tengo once años pero con tan solo seis tenía miedo de volver a casa, ya que sabia que al atravesar esa puerta mi padre me daría una paliza sin motivo alguno. A los diez años me echaron de casa sin nada porque mis padres se quedaron con mi poca ropa para venderla en un rastrillo. Como os he dicho antes tengo once años y aun espero que alguna familia me acoja en su casa. Hoy es el día en que las familias viene a vernos y a llevarse uno de nosotros…espero que me elijan. Pues así fue ese día fui elegida, mis padres adoptivos tenían pintan de no ser muy buenos en las finanzas tenían caras serias y por supuesto de un color muy pálido. Al principio me dio un poco de miedo su expresión pero luego me di cuenta de que eran muy simpáticos. Su casa era muy antigua pequeña pero eso si muy acogedora al lado del salón había una habitación tenía pinta de ser de una niña eso esta como si nunca hubieran limpiado allí desde que la dueña de la habitación se fue, allí nunca me dejaban entrar. Muchas veces pregunté que de quién era pero nadie me respondía. Poco a poco fueron pasando los años y yo fui aprendiendo la profesión de psicóloga ya que yo de pequeña sufrí mucho y nadie me ayudó. Yo quería hacer lo contrario y ayudar a la gente. Cuando terminé mis estudios de bachillerato me fui a Estados Unidos a estudiar en la mejor universidad. Cuando iba en el avión me puse a mirar unas fotos de cuando estaba con mi familia verdadera. De repente, me sorprendí mucho. En una de las fotos aparecía la habitación que yo había visto en la casa de mis padres adoptivos, en otra salía yo de bebé y mi madre. También me sorprendió porque aquella mujer tenía el mismo lunar que mi madre adoptiva. Entonces llamé a mi madre y la pregunté que si la niña que dormía en aquella habitación se llamaba María. En ese mismo momento, mi madre se puso a llorar y me contestó que sí. En ese momento, mi corazón se llenó de felicidad. Cogí el primer avión que había de vuelta, cuando llegué a mi casa le expliqué a mis padres que esa niña era yo y que me había pasado toda mi vida esperando a que algún día vinieran a buscarme al comprobar que ellos también me estuvieron buscando durante años. Mi padre se pasó casi una semana pidiéndome perdón por todo lo que hizo conmigo. Las dudas que durante años había tenido durante toda mi niñez se vieron resueltas en unas horas. En este momento le
estoy contando esta historia a mis hijos para que entiendan que aunque las cosas vayan mal pueden acabar muy bien como a mí, una chica normal que pedía a las estrellas que su padre no llegase borracho a casa para poder dormir por la noche sin dolor. Yo, una niña que sufría en dolor, para que nadie la viese llorar y así parecer más fuerte aunque lo único que quería era un poco de cariño y compresión, por eso hoy doy gracias a todo el mundo que me ayudó en mi niñez y también doy gracias a las estrellas por permitirme volverme a reunir con mi verdadera familia.
Eva Pérez Moreno

4ª A


Lucía

En este gran día,
escribo a Lucía.

La noche no existe,
solo existe la luz del sol
que desprendes con tu amor.

Tus cabellos castaños,
tan suaves y sanos.
tus ojos verdes iluminados,
tan bonitos y claros.

Tus senos de oro
y tu voz aterciopelada
para cantar a coro.

Tu piel es suave,
como las plumas de las aves.

Una semana nos miramos
y a la siguiente nos olvidamos.

Yo te querré siempre,
hasta el día de mi muerte
y mi último suspiro,
penetrará en tu mente.




Daniel Martín Martínez. 2ºA

La noche oscura manchaba el cementerio.


La noche oscura manchaba el cementerio. El viejo, con su pata de palo y su parche en el ojo, recorría los estrechos caminos entre las tumbas farol en mano. Hundiendo su pata en la arena húmeda, moviéndose a trompicones. La luna era casi llena, y se podía entrever por las ramas caídas de los sauces llorones que se disponían a lo largo de todo el camino. Al final se podía observar una tintineante luz anaranjada, casi rojiza en una de las ventanas de una oscura y ennegrecida casa de piedra que apenas se distinguía su silueta del paisaje.

El viejo, aun su lento ritmo, no tardo en sacar un manojo de llaves de debajo del jersey. Las llaves hicieron crujir la cerradura, y la puerta sonó igual que unas uñas arrastrándose por una pizarra. En la tremenda oscuridad del cuarto, solo se percibía la luz roja de la vela, encima de la mesa. Junto a ella, se intuía un marco de madrea oscura, casi negra. No había foto dentro de él. El viejo, dejó el farol encima de un poyete de piedra al lado de la puerta. La cual cerró a su paso con un portazo que rompió el silenció del lugar. Con un eco que resonó por las lapidas, por los sauces, por la puerta de alforja de la entrada y por el farol, haciendo parpadear la luz de la vela. El silencio volvió a gobernar otra vez.
Ya en la oscuridad de su cuarto, el viejo lo recorrió guiándose por el mapa de su memoria, hasta llegar a una vieja lámpara de mesa al lado de un sillón mohoso y ruin. La luz, iluminó tenuemente el cuarto, dibujándose en él las siluetas del escueto mobiliario. Una cama con patas de metal al fondo, a sus pies un baúl de pino. En la pared de enfrente, un hornillo negro para calentarse en invierno. Al lado una pequeña pila, y una cocina de leña con tronco apilados debajo de ella. En el centro del cuarto la mesa y el sillón donde el viejo estaba sentado, mirando fijamente a la vela desde su ojo. Su cara estaba a medio afeitar, con barba blanca rasposa y cejas oscuras y pobladas. El parche negro de cuero le tapaba el ojo derecho. El ojo izquierdo era pequeño y rasgado, pero de un azul casi transparente como el agua. Sus labios estaban apretados por la tensión de sus mandíbulas en un gesto de desaprobación y malestar permanente. Su pelo era blanco y revuelto hacia la nuca. Sus manos eran ásperas, grandes y llenas de heridas infectadas y negras. Las apoyaba sobre sus rodillas. En la rodilla derecha, comenzaba la prótesis de madera, que quedaba estirada en paralelo con el resto de la pierna. La otra pierna se apoyaba pesadamente en el suelo dentro de una bota de agua manchada en su totalidad de un barro oscuro, casi negro. El viejo no dejaba de mirar la llama de la vela sin pestañear si quiera. Una mosca inquieta y sin preocupaciones por la vida se posaba en el barro de su bota. Subiendo lentamente hasta que alcanzó, en un pequeño trasbordo, la rodilla de viejo. El sonido de sus alas en el silencio del cuarto parecía un pájaro atrapado en una trampa intentando escapar. La mosca comenzó a escalar lentamente la mano del viejo, posándose en una de las heridas negras, relamiéndose por el festín. El viejo apartó la mirada de la vela y miró fulminante a la mosca, que ajena al odio que la estaba traspasando en esos momentos, succionaba feliz la sangre infectada. El viejo alzó la mano, y golpeó fuertemente a su otra mano, quedando la mosca aplastada. De la inercia del golpe hizo que la pata de palo, golpeara la pata de palo de la mesa. Cayéndose al suelo la vela. El viejo miro la vela, ya apagada en el suelo. Apoyándose en su pierna buena, se levantó y recogió la vela del suelo. Su propia cera derretida había sido la causante de que se apagara la llama. Colocó la vela encima de la mesa y saco del bolsillo un mechero para volver a encenderla. La luz de la vela volvió a iluminar de cobrizo el cuarto. El viejo se percató entonces que el marco estaba caído en la mesa, y el cristal se había roto. El viejo lo sostuvo en sus mugrosas manos, viendo reflejado en él, su cara rojiza en dos mitades separadas por el corte. Y vio su ojo tapado tras el parche oscuro, y vio su barba rugosa, y vio sus labios apretados, y vio su mandíbula tensa y vio su pelo blanco. Y vio su ojo azul cansado de mirar el mundo sin ayuda. El viejo tiró con rabia el marco al suelo, rompiendo el cristal en mil pedazos que saltaron al aire y astillando el marco de madera oscura. Un cacho de madera salto hasta su bota, y el viejo lo mando al otro lado del cuarto de un puntapié con fuerza, vacilando sobre su prótesis.

El silenció taladraba el cuarto y el viejo se agachó resignado a recoger los restos del marco, colocándolos cuidadosamente sobre su gran mano. Pero según los iba recogiendo, no pudo evitar recordar sus ojos, en un fogonazo de imágenes a discreción. Sus ojos negros, negros y tan profundos como la noche. Su pequeña nariz respingona, su boca roja y carnosa, su piel suave, morena, tostada al sol, su pelo largo, rizado, azabache, su risa fresca y...Un cristal se hincó en una de alas heridas volviéndole a la realidad. Con cuidado lo retiró y un hilillo de sangre recorrió su palma haciendo un caminito entre los trozos de cristal y madrea. Dibujando y desdibujándose a si mismo. Y mirando esos caminos vio las curvas de su cuerpo. Un cuerpo de naturaleza, un cuerpo de geología pura, con montañas y planos, con vegas y ríos. Con océanos y macizos, con cuevas y refugios donde se despuntaba un paraíso. Tiró las migas de cristal a la pila y dejó que el agua cayera encima de su mano para que se llevara la sangre con ella. El sentir del agua sobre su palma le evocaba sus finos dedos. Aparto con brusquedad la mano, y cerró el grifo. A trompicones volvió a sentarse en el sillón malhumorado, pero al volver a mirar a la vela, la llama le evocaba su cuerpo desnudo bailando solo para él. De un manotazo golpeó la vela, que se estampó contra la pared, quedando la cera ardiendo pegada en ella. Volvió a mirar la mesa, pero el vació en ella le evocó el propio vacío de su propia existencia. Con fuerza se levantó, haciendo volcar la mesa de madera que golpeó el suelo en un golpe seco. El viejo, de pie y jadeando con la respiración entrecortada, parecía tambalearse encima de su pierna de madera, como si la pierna verdadera estuviera ya cansada de aguantar todo el peso ella sola. Se sentó en la cama, con la mirada fija en la mesa que seguía girando en el suelo sobre si misma. Su mano, rozaba los flecos de la manta, y empezó a enredar sus dedos en ellos. jugando con ellos, jugando con su pelo, con su pelo negro. El viejo miró su mano, que se afanaba a aquellos flecos de la roída manta, como si fueran los cabellos de ella. Cerró los ojos y se dio por vencido. No podía seguir echando este pulso fatal al recuerdo, los años le pesaban y el recuerdo le vencía después de treinta y cinco años de guerra contra él.
Despacio se levantó y se dirigió al baúl. Debajo de este busco una llave ya comida por el polvo y la humedad. La introdujo en la cerradura del baúl girándola lentamente, escuchando como el oxidado pestillo se iba desperezando de su sueño con un pequeño bostezo. El olor a su perfume inundó el cuarto, pero no era el olor a violetas frescas, si no un olor manchado de luto y que poco se parecía a las violetas. Debajo de unas cuantas sabanas y toallas, todas con grabados delicados y sencillos de iniciales, se encontraba una pequeña caja de metal. El viejo la cogió con delicadeza, colocando las toallas y las mantas y volviendo a cerrar el baúl con llave. Con la caja en las manos, se sentó en el sillón y tomo aire. Con sus gruesos y machacados dedos negros abrió con delicadeza el pequeño broche que hacía de cierre. Apenas se oyó su chirrió. La tenue luz de la lámpara se multiplicó en las relucientes paredes de espejo dentro la caja.
El viejo miró dentro de ella, sabiendo que lo había dentro de un abismo sin retorno. En el se encontraba una foto. Era de dos jóvenes besándose. El chico, de unos veinte años, tenía el pelo rapado, piel tostada y expresión limpia, sin rastro de barba. Vestía una camiseta blanca de manga corta que mostraba brazos musculosos y atléticos. Con una mano sostenía la cintura a la chica, casi elevándola, y con la otra acariciaba su cabeza. La gran mata de pelo negro de ella envolvía casi por completo su mano. Su piel era bronceada y sus labios, pegados suavemente juntos a los de él, eran rojos y carnosos. Sus dedos rozaban con delicadeza la cara de él. De fondo se veía relucir entre los barrotes de la entrada principal del cementerio, un sol grande y poderoso que iluminaba más su felicidad.
El viejo quedó mirando la foto hasta que su sombra quedó reflejada en la pared de enfrente. La observó por última vez y se la llevó al pecho. Cerró los ojos y dejó que el recuerdo acabara de hacer su trabajo.

Tamara García Ordóñez

2º Bachillerato A

AUTORRETRATO

Mi vida es normal, una vida rutinaria como la de cualquier estudiante de secundaria. Mi día a día se centra en el instituto, los examanes y todas esas preocupaciones que tienen los adolescentes de 13 o 14 años.
Se podría decir que soy una chica bastante bajita de embergadura fina. Mis rasgos son muy marcados:nariz chata, ojos expresivos y labios gruesos y prominentes. En cuanto al pelo , tengo algo que destacar, que es muy rizado y no muy largo.
Mis aficiones preferidas o hobbies son muy variados: escuchar música, salir con mis amigos y amigas, leer libros que me llaman la atención o libros de miedo e intriga. También hay muchas que podría atreverme a decir que odio o detesto. Por ejemplo la televisión y las modas. No comprendo a la gente que, en vez de seguir su propio instinto y tener una propia personalidad, prefiere seguir a la sociedad y ser una oveja más del rebaño.
Creo que soy una chica normal con sus propias ideas. Vivo con mi familia en un entorno muy agradable, en la ciudad de Madrid. Si pudiese describir esta ciudad, lo haría en dos palabras: atractiva y maravillosa. Sin duda, mi lugar preferido es Parque Aluche y Ópera. En ellos me siento realmente bien y muy a gusto.
Para cerrar este breve autorretrato, debería de hacerlo con una frase con intencion de despedida, pero prefiero hacerlo originalmente con una cita que no tiene autor:-En el mundo yo era sólo una persona más, pero anhelaba ser el mundo para una persona.


Nuria Sánchez Rodrigo

2ºA

9.3.09

BASES DEL CONCURSO LITERARIO DIA DEL LIBRO 2009




  1. Podrán participar todos aquellos alumnos y alumnas matriculados en el IES María de Molina durante el presente curso 2008/09.

  2. Se establecerán tres niveles en el certamen:· Primer ciclo de la ESO: 1º y 2º de la ESO, Segundo ciclo de la ESO: 3º y 4º de la ESO. Bachillerato: 1º y 2º.

  3. Modalidades del certamen: se establecen dos modalidades: prosa y verso. Cada concursante podrá participar en una o ambas categorías, pero sólo con un ejemplar por categoría.

  4. Tema: el tema estará relacionado con el retrato.

  5. Extensión: la extensión máxima para cada una de las categorías será de 20 versos en poesía y de 2 folios por una cara en el cuento.

  6. Presentación: en los trabajos no aparecerá el nombre del autor, sino un seudónimo y la categoría a la que pertenece. Podrán ser presentados en formato CD o en un pendrive (en cuyo caso cada alumno lo entregará a su profesor/a de Lengua), o enviados por correo a reinopalabras@yahoo.es. Podrá adjuntarse al texto un dibujo o ilustración elaborados o buscados por el alumno, para que la presentación del trabajo resulte más atractiva. Todos los trabajos enviados podrán ser leídos en la página web del instituto. Cada alumno deberá entregar también a su profesor/a de Lengua un sobre cerrado en cuyo exterior no figure ningún dato. Dentro deberá aparecer el seudónimo utilizado, su nombre y su curso.

  7. Plazo de presentación: terminará a las 12 horas del jueves 2 de abril de 2009.

  8. El jurado estará compuesto por los miembros del Departamento de Lengua y Literatura.

  9. El fallo del jurado se hará público el jueves 23 de abril de 2009. La entrega de premios se anunciará con la suficiente antelación.

  10. Premios: se otorgará un premio para cada modalidad y categoría consistente en una tarjeta regalo de El Corte Inglés, por el valor de 30€.

25.10.08

Próxima edición del concurso literario


Próximamente publicaremos las bases del concurso literario
'Reino Palbras' del I.E.S. Maria de Molina

29.6.08

Entrega de los Premios 2007-2008

20.4.08

¡Qué gran fin de semana!



RITA. ¡Ah! Por fin viernes, parecía que no llegara nunca. Mañana, me iré al pueblo para pasar el fin de semana. (Sonriente.) Aquí dejo Madrid con su polución, su ruido, su marabunta de coches…
Allí me reuniré con Adrián “El Huesos” y María “La Simple”. Claro está, yo soy Rita “La Rata”. Vamos, que no mejoro conforme a mis amigos. Nos llamamos así, porque un año nos dio por ponernos motes a todos, el de “El Huesos” fue el mejor. Un día, nos dijo a “La Simple” y a mí: “yo quiero ser paleontólogo”, y encima está flacucho. Así, saltamos las dos a la vez: “¡Perfecto!”.
Me encanta ir allí porque está casi abandonado y rodeado de campo. Además, de noche, todos los demás chicos y chicas “jugamos” al escondite. Hay quien dice: “¡bah! Un juego de niños. ¡Qué tontería!” Pero… Sí, sí… Ya, ya… De día está muy bien y en un pueblo iluminado con farolas, también. Sin embargo, ya te dije que el nuestro está casi abandonado y cuando una solitaria farola ilumina solamente al que busca, éste es el único que no ríe, ya que te puedes imaginar: oscuro, en medio del campo, a veces algún perro suelto… ¡Ah! Y por supuesto, cuanto más lejos nos vaya a buscar, ¡mejor! (Con malicia.) Así da más miedo. Solo hacemos una partida y solo los sábados, pues llegan a durar dos horas o más. Mientras, miramos el increíble cielo estrellado. (Melancólica.). Al final, el que pierde esa noche, invita a los demás a algo, si quieren.
Por la mañana, llega Alonso “El Tierno” en su camioneta vendiendo el pan “más tierno del mundo”. Entonces mi abuela me dice: “¡ve niña! ¡Que luego te toca correr!” O “¡ve niña! ¡Que tardas más que en hacerse una chaqueta de bolillos!” ¡Ay! (Entre suspiros.) Palabras de amor de abuela.
¡Huy! Espera. Alguien me llama. Ahora vuelvo. (Un poco después. Enfadada.) Era mi… (Piiiii.) hermana, la que odia el pueblo. ¡No va y me dice!: “¡ale! Ritita, que mañana nos quedamos.” ¡Feliz y todo! (Indignada.) Encima, no contenta con hacerme de rabiar, mientras me iba, grita: “¡siempre nos quedará Par… Esto, Madrid! ¡Ja, ja!” (Sin comentarios.).

Tapón

Un sueño

Se despertó sudando, era una mañana calurosa de junio. Amy se levantó de la cama vagamente y se dispuso a arreglarse para ir al colegio.
Amy iba al instituto “María la blanca”, en Madrid. A ella le gustaba estudiar y su clase, lo único que no le gustaba eran tres niñas que le hacían la vida imposible, Nati, Lucía y Laura decían que era una chica rara porque ésta no tenía amigas, pero lo que no sabía es que su vida iba a cambiar poco a poco, iba a ser un cambio radical.

Estando en el colegio todos sentados hablando en grupitos, de repente entró la profesora con una niña nueva.

Profesora: Ésta es Claudia es nueva.

Todos la saludaron y la sonrieron, los chicos no paraban de llamarla y silbarla, incluido Jon el chico mas guapo de clase y por el que Amy estaba coladita.

De repente, Amy se llevó una gran sorpresa cuando Claudia se sentó a su lado.

Claudia: Hola, ¿Cómo te llamas?- preguntó

Amy: Amy dijo ella

Claudia: Hola vivo en el centro, ¿Y tú?

Amy: Sorprendentemente yo también vivo en el centro

Claudia: Pues si quieres nos vamos juntas esta tarde y así nos conocemos mejor, incluso podríamos ser amigas, ¿Qué opinas?

Amy: Pues claro me parece una idea estupenda.

Amy y Claudia se fueron juntas, ésta le dijo a Amy que era una chica muy guapa pero que necesitaba unos arreglillos; Amy se quedó boquiabierta, era la primera persona que la decía que era guapa. Aceptó encantada.

Una tarde se reunieron y Claudia ayudó a Amy, cuando ésta se vio su cambio había sido radical.

Estas fabulosa y muy guapa- dijo Claudia.

Al día siguiente cuando Amy y Claudia entraron por la puerta todos se quedaron sorprendidos con el cambio de Amy, sobre todo Jon que la invitó a quedar aquella misma tarde.

Amy se convirtió en la chica más enrollada del colegio gracias a la ayuda de Claudia que confió en ella y la ayudó a quererse un poco mas y a confiar en sí misma. Ellas son amigas inseparables desde aquel día.

Una extraña visita


Respecto al tema de los espíritus y el más allá yo siempre había sido bastante incrédula. Pensaba que quizás habría “algo”, pero como nadie me lo había demostrado... Hasta que una noche alguien me hizo creerlo.

Para coger el sueño, me gustaba escuchar la radio un rato en la cama. Aquella noche estaban echando Milenio Tres. Hablaban de Ventas, un barrio de Madrid que en la guerra fue bombardeado. Sus gentes lo abandonaron, pero se dice que todavía se oyen disparos y gritos de las almas que allí murieron.

Pusieron una grabación de estos sonidos y parecían tan reales que me dio un poco de miedo.

Apagué la radio y me dispuse a dormir. De repente un escalofrío recorrió mi cuerpo y una pequeña ráfaga de aire levantó la sábana ligeramente. Mi corazón empezó a palpitar fuerte. Noté una suave caricia en la nuca y el roce de unos labios.

- Adiós, mi niña. Te quiero –me susurró una voz al oído.
En un segundo todo volvió a la normalidad.
No habrían pasado ni cinco horas desde que me dormí cuando sonó el teléfono.
Era mi madre, papá había muerto.

Seudónimo: Harajuku (4º B)

Viaje de amigos

Juan y Pedro eran amigos desde la infancia, se conocían desde los tres años, ya que solían ir todas las tardes al parque que tenían al lado de su casa y a partir de ahí surgió una bonita amistad. Vivían en Ávila.

Sus padres estaban muy orgullosos de ellos, siempre fueron unos niños muy tranquilos, estudiosos, alegres y les encantaba viajar y disfrutar de la naturaleza.

Cuando terminaron sus estudios en el Instituto, eligieron ambos la carrera de Derecho. Tuvieron que hacer la carrera en Valladolid ya que en Ávila no existía Universidad.

Una de sus máximas ilusiones era realizar un viaje a Madrid cuando tuvieran vacaciones. Este viaje fue programado en varias ocasiones pero debido a problemas familiares no pudieron realizarlo.

Un buen día, decidieron visitar una agencia de viajes y eligieron el hotel donde iban a pasar esos días. Les aconsejaron los lugares más destacados como el Palacio Real, Museo del Prado, Cibeles entre otros muchos sitios.

El viaje lo contrataron para quince días, desde el 1 de julio hasta el 15 de julio de 2007. Entre los muchos hoteles que existen en Madrid, escogieron el Hotel Husa Princesa, situado en la Calle Princesa, 40, por encontrarse en una buena zona comercial de entretenimiento y con buenas comunicaciones.

El día 1 de julio emprendieron su viaje hacia Madrid. Viajaron en RENFE. Al principio, se sentían un poco nerviosos y angustiados debido a la cantidad de gente que había en todos los sitios en comparación con su ciudad que era tranquila y pequeña.

A su llegada al Hotel, le proporcionaron un plano de la ciudad y le indicaron los sitios más importantes que deberían visitar y los medios de transporte más recomendables.

Esa misma mañana, compraron los billetes del autobús turístico “Madrid Visión” en la calle Felipe II, con el fin de recorrer los lugares más emblemáticos de la Capital de España. Este autobús les llevó por el Madrid Histórico (Palacio Real, Paseo del Prado, Puerta de Alcalá y la Gran Vía…) y el Madrid Moderno (Barrio de Salamanca, Paseo de la Castellana…).

Pasaron un día estupendo porque estuvo soleado y pudieron disfrutar desde el segundo piso del autobús de lo grandioso que es Madrid, sus calles, sus edificios antiguos, las grandes torres del Paseo de la Castellana…


A partir de aquí, los siguientes días se dedicaron a visitar Museos, el Palacio Real, Biblioteca Nacional, Puerta de Alcalá, el estadio Santiago Bernabéu… y disfrutar de la noche madrileña, de su gastronomía y sobre todo conocer gente interesante.

A Juan lo que más le impresionó fueron los grandes rascacielos del Paseo de la Castellana, sobre todo la Torre Picasso y las Torres Kio por su gran estética y modernidad.

Sin embargo, a Pedro lo que más le atrajo fueron los grandes Museos de Arte que existen en la ciudad. A veces, se pasaba casi todo el día observando cuadros de distintos siglos.

Cuando sus vacaciones en Madrid terminaron, se sintieron un poco tristes, les gustaría quedarse más tiempo y disfrutar más de esta gran ciudad cosmopolita, alegre, multicultural, llena de historia, donde se encuentra el poder político y las grandes Instituciones del Estado.

El Gallego
4º E.S.O

Poesía de Madrid


¡Oh, Madrid!
Me deslumbra tu belleza,
tu esplendor
y tu grandeza.
A ti te celebramos,
Tu día el dos de Mayo:
Por aquellos fusilamientos
tan duros y sangrientos.
Tú tienes luz y oscuridad
como cualquier otra ciudad,
sin embargo, también
algo especial,
que son tus monumentos
antiguos y modernos.
Tienes tus excepciones,
Como también tus razones,
para ser tan bella
incluso en días de tormenta.
Porque sacas lo mejor de uno mismo,
este poema, a ti te lo dedico.

DCP

Una tarde en Atocha


Una tarde en Atocha sucedió
Fue algo totalmente inesperado
Aquel beso tan añorado
Por fin de sus labios salió

En un banco estaban sentados
Con sus cuerpos amarrados
Como árboles con los troncos cruzados
¡Vaya par de enamorados!

El sabor del primer amor
Brotaba de entre sus labios
Rojo pasión era el color
De sus corazones enamorados

La gente en ellos fijaba sus miradas
Pues a todo el mundo les recordaba
Aquel primer beso, primer amor
Que hace mucho en su alma estaba

Sin importarles lo demás
Solo estaban ellos dos
No había en el mundo nada más
¡Vaya par de enamorados!


Luz

Amor imposible




Todo empezó cuando Mónica subió a casa de una amiga. Mónica empezó a hablar con Ángel por el messenger de Belinda (amiga de Mónica). Cuando Mónica se fue a su casa se conectó en el messenger y Belinda la dijo que agregara a Ángel que la quería conocer. Pasó el tiempo y Mónica y Ángel se llevaban genial. Mónica se empezó a pillar por Ángel pero claro Ángel todavía no le había dicho a Mónica que a él también le gustaba ella así que Mónica no le dijo nada. Un día Mónica hizo una promoción para tener las llamadas gratis y así poder llamarle, entoces Mónica le llamó pero Ángel no le cogía el teléfono, y Mónica se enfadó con él. Luego lo hablaron y se arregló todo. Un día por el messenger Ángel la dijo que si quería tener algo serio con él,pero Mónica le dijo que a ella no la importaría pero que por mucho que quisiera que no podría aceptar porque él vive en Cádiz y ella en Madrid, y una relación no puede ser a distancia y mucho menos sin haberse visto. Pasaron días y Mónica se volvió hacer otra promoción, hablaban todos los días por teléfono, y un día Ángel le dijo a Mónica que iría a Madrid para poder verla, Mónica se puso muy contenta. Pero días más tarde la dijo que no podía ir, Mónica se puso muy triste porque de todo lo que la había dicho no iba a pasar nada. Ellos siempre se estaban diciendo cosas para hacerse de rabiar. Dos meses después Ángel le dijo a Mónica que iba a ir a Madrid para ver a sus abuelos y así podría verla a ella. Mónica se puso muy contenta pero tres días antes de que pudiera quedar con Ángel a Mónica la dieron las notas y sus padres la castigaron, entonces tampoco le pudo ver a Ángel. Días después llegó al cumpleaños de Ángel y Mónica le envió un mensaje para felicitarle y a Mónica le pareció raro que no la contestara dándola las gracias, pero bueno no le dio importancia. Pero justamente a las doce de la noche, Ángel le envió un mensaje diciéndola que ya había pasado su cumpleaños y no le había felicitado pero Mónica le dijo que si le había felicitado y le volvió a enviar el mensaje con la felicitación, y todo se aclaró. Pero cuatro días más tarde era el cumpleaños de Mónica y Ángel no la felicitó, entones Mónica le envió un mensaje preguntándole que porque no la había felicitado y que era la única felicitación que la hacía ilusión pero que habían llegado todas menos la suya, entones Ángel la pidió perdón, le dijo que no la pudo felicitar y bueno también se arregló pero ya no era como antes. Y pasaban los días y cada vez hablaban menos, hasta ahora que ya no hablan. Así es como se vive un AMOR IMPOSIBLE.

¡Te esperamos en Madrid!



Madrid, esa gran centella
La ciudad que nunca duerme,
Y anda siempre despierta

Famosa por sus glorias deportivas
Noches de ensueño, fútbol y emoción
¡Las pasiones siguen vivas!.

Ciudad de bares, salas y garitos
Cultura de la noche,
Las fiestas son sus mitos.

Abierta donde las haya
Su gente despierta, sus calles alegres
Y su espíritu canalla.

Al llegar caerás en su hechizo
La labia de sus gentes
Y sus aires castizos.

Del buen vivir es adalid
Ven y siéntelo
¡Te esperamos en Madrid!


El Rey de la baraja. Bachillerato

¿Suicidio?


¡Vente a mi casa!- me dijo. Y yo me quede asombrado. Él nunca había invitado a nadie a su casa, ya que era rico y no quería que nadie le viese lo que tenía en ella.
Bueno me llamo Skroff y vivo en Rusia. No tengo familia. Mis padres murieron asesinados por no se sabe quién. Me gustaría descubrirlo.
Sergei era el que quería invitarme a su casa. Él tampoco tenía madre pero padre sí. Los dos teníamos veinte años y salíamos de acabar de hacer la carrera de criminología.

Un día me llamaron de una comisaría y yo me asusté, pero me dijeron que querían contratarme, dado que yo tenía mi gran carrera que me había costado mucho.
Y, al día siguiente fui, y cuál fue mi sorpresa de encontrarme a Sergei allí. Me explicó
que su padre era el jefe de la comisaría y claro…me dijo que el se había metido ahí también porque tenía que ajustar una cosa con un amigo de la infancia. Esto no lo entendí, pero bueno. También me dijo que él le había dicho a su padre que me contratase a mí. Sergei quería ser mi amigo, habrá tenido pocos me imagino. Su padre se llamaba Andrei y parecía un señor muy majo. Ese mismo día firmé el contrato y al día siguiente empezaba a trabajar.

En el primer día de trabajo, ya directamente, me mandaban a la capital de España (Madrid) para resolver un gran caso. Me dieron los papeles del caso y hacia allí me dirigía. Me tocaba ir con Sergei.
A los dos días llegamos a Madrid y nos alojamos en un estupendo hotel de cinco estrellas que había por el centro. Llegamos por la tarde y me quedé toda la tarde en el hotel estudiando el caso y buscando alguna pista que pudiese haber.

Llegó el día siguiente y no encontré nada. Era un caso en el un hombre estaba muerto en su habitación con la puerta cerrada y con una pistola en la mano. Parecía claro el suicidio pero yo no me daba por vencido desde lo de mis padres. Quería descubrir algo por si acaso.
En la casa vivía la mujer del hombre que estaba totalmente destrozada. La pobre lloraba sin parar y no pudimos hacerle interrogatorio sobre su marido y sobre ella. No tenían hijos. Eran jóvenes todavía para tenerlos. Se habrían casado hace poco.

Ese día por la noche me vi todas las películas sobre los mejores asesinatos y ¡ahí estaba!. Era una asesinato en el que el asesino estaba dentro de la habitación mataba a la víctima y luego salía de la habitación dejando dentro un aparato que parecía como un disparo y cerraba con un imán la cerradura de la puerta.

¡Esa era la cuestión! Solo faltaba descubrir quién y porqué.

La mujer parecía la gran sospechosa por eso fui a interrogarla inmediatamente.
Me explicó que su marido era un hombre con mucho dinero que no tenía problemas con la gente, ni debía deudas, ni nada. También que su marido era de Rusia y había venido aquí con 18 años, es decir, sólo llevaba dos. Tenía veinte, igual que Sergei y yo.
La mujer no me pareció ser la asesina, estaba desolada y no parecía nerviosa. La descarté de momento.

Un día me encontré a Sergei, él también estaba estudiando el mismo caso y decía que tenía que haber sido un suicidio, parecía un poco cabezota. Le intenté explicar que no tenía motivos para suicidarse pero él seguía en las mismas.

Me acerqué al lugar del crimen, miré unas cuantas cosas más y de repente vi en una esquina de la casa una pequeña marca de una suela de una zapatilla. Era completamente igual a la mía y estos zapatos sólo los usábamos los de la comisaría del padre de Sergei.

Entonces todo me vino a la cabeza. Sergei y yo éramos los únicos que estábamos en España. Recuerdo cuando me dijo que tenía que arreglar unas cuentas con un amigo. El muerto era de Rusia y tuvo que venir a España seguramente por lo que pasó con Sergei y era de nuestra edad. ¡Todo encajaba!. Sergei, mi amigo, era el asesino. Él habría visto también la película y lo planeó todo. Tenía que descubrir porqué lo mató.

Fui con unos cuantos policías al sitio donde se alojaba Sergei y lo detuvimos no puso oposición porque estaba rodeado y no podía escapar.
Le pregunté que porqué lo había hecho y me explicó que el Marat, que así se llamaba el muerto, había matado a su madre, cuando tenía dieciocho años, y por eso quería matarle.

Había resuelto mi primer caso. Evidentemente me habían echado (me echó Andrei) de la comisaría, ya que había mandado a su hijo a la cárcel durante una temporadita. Pero no iba a tener mucho problema en encontrar otro trabajo, porque soy muy bueno.

Todavía sigo buscando al asesino de mis padres y no descansaré hasta que lo encuentre.


SEUDÓNIMO: DINORSEO

2º CICLO DE ESO

Carmen y Juan




Era un día de lluvia unas nubes espesas no dejaban pasar el sol, Madrid estaba oscuro.
En un ático de la castellana nacía un precioso bebe se llamaría Pedro y su futuro sería brillante.
Entonces su madre pensó:
-“En este día de lluvia a por fin a salido el sol. ”-
Su infancia fue la mas bonita de todas y sin duda la mas feliz, Pedro iba creciendo y cada vez se volvía mas travieso un buen día decidió bajar abajo a jugar al fútbol su madre le dejo pero ella no sabia que utilizaría como campo la Gran Vía.
Gracias a que no era una hora muy señalada no le sucedió nada, pero sus padres casi se mueren del susto.
Pedro estuvo castigado y nunca mas se le volvió a pasar por la cabeza hacer semejante cosa.
Le gustaba mucho jugar al fútbol pero aun mas jugar al baloncesto y cuando estaba jugando vinieron unos chicos mucho mas mayores que el y le preguntaron que como se llamaba y que jugaba muy bien.
Quedaron que al día siguiente y le dijeron que si quería formar parte de su equipo ,a Pedro se le abrieron los ojos y dijo si me gustaría, ellos les pareció estupendo, sus padres estaban encantados porque Pedro nunca dejaba de estudiar. Pedro tenía muchas seguidoras pero todas eran unas hipócritas y ninguna le gustaba, el siendo un chico de 18 años y tras toda su carrera se había encontrado todo tipo de chicas, pero nunca como ella, ella se llamaba Helena y disfrutaba viéndole jugar pero nunca se atrevía a acercarse.
Un día Pedro tras una derrota vio a Helena en la grada llorando por su equipo, Pedro se acerco a ella le rompía el corazón verla así la dijo que no llorase y que era la chica más linda a la que había visto nunca.
A ella la salió la sonrisa de golpe era maravilloso, desde ese día empezaron a salir juntos ella iba a todos sus partido, era la persona mas feliz del mundo estando al lado de el.
No quería nada mas estando en un partido en el descanso en la pantalla apareció un cásate conmigo Helena ella no se lo podía creer y cuando quiso reaccionar ya estaba en medio del campo con el arrodillando y con un anillo en la mano. Ella respondió de inmediato SI.
Se casaron y se fueron a vivir a una casa a las afueras de Madrid.
Después de dos años de estar casados Helena se quedo embarazada y para sorpresa de los dos no venía uno si no dos eran gemelos.
Los padres no podían estar mas felices Pedro hasta jugaba mejor.
Un día de lluvia unas nubes no dejaban pasar el sol, en el cual Madrid estaba oscuro nacieron la historia se repetía era otro día de sol y esperanza en el que habían vuelto a nacer algo precioso.
Pedro y Helena eran las personas mas felices del mundo y hoy estoy aquí escribiendo con mis dedos arrugados a un futuro.
Estoy aquí en mi casa del ático de la castellana junto a mi marido somos unos padres orgullosos de un hijo que sabe lo que es amar. Atentamente :
Carmen y Juan




Romance de la madrileña

Bajo las ramas hermosas
De un madroño estaba
Tenía ojos verdes
Y una preciosa mirada

Sobre su camisa roja
Sobresalía muy clara
Era su hermoso rostro
Era su hermosa cara

Madrileña era ella
Por el prado paseaba
Con su precioso vestido
Corazones arrancaba

Con su perfecta sonrisa
Mis suspiros se llevaba
Ella lo ha sabido siempre
Conmigo ella jugaba

Mi vida le pertenece
Porque mía no es mi alma
Sino suya, de su gracia
De mi querida amada.


Seudónimo: No ventana

Por las calles de Madrid...


Por las calles de Madrid
una mujer llora
por su hijo

El gobierno le ha cambiado a su hijo
por una bandera.

Al mundo no le importa el dolor ajeno.
Se siente sola,
perdida.

Piensa que no hay más vida sin él.
No quiere que la compadezcan,
sólo quiere que le ayuden a encontrar una salida.
Al mundo le dan igual las injusticias que se cometen.
La gente imprudente le pregunta qué le pasa.
Le dicen que el tiempo lo cura todo….

Pero ella no quiere curarse
Quiere estar con él.

Ahora en su rostro refleja la amargura que vive en ella,
que no le deja ser feliz.

La gente pasa de largo,
La vida sigue
por las calles de Madrid…


Ónix – 1er ciclo ESO

Madrid no es un paraíso


Esto era una joven de veintidós años a la que llamaban Enidh el día veinticuatro de septiembre a las tres de la tarde salía de su país con destino Madrid-España, con muchos sueños por cumplir, muchas ilusiones, con ganas de superarse, tuvo una hija a sus veintiún años que dejaba con su abuela ya que no podía llevarla, Enidh quería un futuro mejor para su hija la persona a quien más quiere en el mundo pero que tenia que dejar debido a la situación económica en que se encontraba. El día veinticinco de septiembre a la una de la tarde llega Enidh al aeropuerto de barajas-Madrid, donde es detenida durante cuatro horas, entonces ella sale del aeropuerto donde coge un taxi que le conduce al hotel Puerta de Toledo asignado con el billete de avión en el centro de Madrid allí tenía el plazo de quedarse durante cinco días. Al llegar al hotel ella se sienta en la cama y se pone a llorar y llorar hasta que se quedó dormida tenía tanta tristeza, estaba en un mundo totalmente diferente, todo era diferente, sus costumbres. . . A las diez de la noche se despierta y se pone a ver la televisión, cuando se acuerda de que su tía le había dado el número de teléfono de un amigo suyo que se encontraba en Madrid, y Enidh no duda en llamarlo y él le dice que le dé la dirección en donde se encontraba para ir a verlas sobre las once de la noche llega Luis, su amigo, y lo ve y se pone otra vez a llorar, Luis le dice que este tranquila que la vida en Madrid es muy dura y más aún cuando no tienes A nadie pero que ahí está él para lo que sella entonces, Luis le pregunta que si quiere ir al piso donde él vivía con su esposa y más amigos. Enidh se fue tranquilizando y aceptó la propuesta, ella cogió su maleta y salió hacia el barrio de Oporto allí conoció a las personas que Luis le había hablado. Ahí se quedó esa noche, durmió en el suelo acostada encima de una manta porque no había camas suficientes, el sofá ya estaba ocupado y en el suelo estaba otra chica durmiendo a lado opuesto, todos ellos eran amigos. Al día siguiente se levantó a las siete de la mañana y salió a buscar trabajo recorrió las calles de Madrid, no se podía subir al metro porque no-tenia dinero, apenas le alcanzaba para comer, entonces llegó caminando hasta Atocha allí ya cansada de caminar se sentó enfrente de un Burguer King, ya era hora de comer, tenía mucha hambre porque no había comido desde que salió de su país, y tenia cien pesetas en su cartera, se compró una hamburguesa y seguía buscando trabajo. . . Después de estar varios días buscando trabajo. Llegó a una iglesia que le habían dicho que allí regalaban ropa, le ayudaban a buscar trabajo, ahí había mucha gente. . . . . . estuvo allí toda la tarde esperando para que le dieran un plato de comida, y le dijeron que vuelva al día siguiente. Con todo esto ella llegó a su casa a las once y cuarto de la noche sus amigos le estaban esperando ya era muy tarde y no sabían nada de ella desde que salió por la mañana. Al día siguiente ella salió a la iglesia donde les pidió ayuda a las monjas, las que le dijeron que tenían un trabajo para limpiar una casa. Por fin consiguió trabajo durante un mes porque ya no necesitaban de sus servios. Después de salir de ese trabajo pasó seis meses sin trabajar, fueron los peores meses de su vida, no tenía que comer, sus amigos estaban hasta peor que ella. Ella no sabía que hacer estaba desesperada, sin dinero, cuando llamaba a su hija sólo le daban ganas de llorar, y saber que se encuentra bien. Un día por la noche un amigo le dice que él sabe de un trabajo, pero que solo es por reemplazo de un mes, Enidh le dice que no-pasa nada que le dé la dirección. Tuvo la entrevista con Amalia y Manolo sus jefes de ahora en adelante, les contó su historia, como había llegado hasta allí, may ella tenía que estar al cuidado de la casa y de los niños, Gabriel, tenía tres años y Lucia 2 meses, allí se sentía como en su casa, luego los jefes le propusieron que venga su hija, porque Enidh pasaba todos los días llorando por su pequeña, donde ella se lo pensó y decidió traerla, ellos le ayudaron con todos los papeleos, con dinero, con la plaza del colegio donde tenía pensado que su hija vaya a estudiar. Todo ésto duro 2 semanas luego la angustia cuando llegue la niña al aeropuerto era muy desesperante hasta que por fin llegó el día un 25 de Octubre fue el día más feliz de su vida cuando vio abrir las puertas donde salía su hija, después de 2 años de estar separada de su pequeña. Madrid no fue el paraíso que ella se esperaba pero que poco a poco conoció gente nueva, y con su hija a su lado todo cambió las dos salieron adelante. Y esto lamentablemente sigue pasando que padres dejan a sus hijos por un futuro mejor, para ellos y el de su país.

La niña Margot


¡Hola!
Me llamo Lara y soy una niña morena y alta del barrio de Las Águilas, un barrio de la zona de Cuatro Vientos, pero no hablemos de barrios, sino de la ciudad de Madrid, la capital de España.
Yo soy madrileña, ya que nací aquí, pero por parte de mi padre tengo sangre argentina aunque no lo parezca; el lleva desde que nació hasta los veinticinco años en Buenos Aires y he ido allí varias veces a visitar a mi familia; pero vivo en Madrid desde que tuve 1 minuto de vida hasta este momento. Madrid es una cuidad magnífica, que como la mayoría de todas las capitales tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

Una de las ventajas de Madrid es que tiene mucha cultura, es decir, tiene muchos museos, como el Reina Sofía o el Museo del Prado, también tiene muchos cines como el Kinépolis, tiene teatros como el de Bellas Artes, y musicales, grandes musicales en el centro de Madrid.
Otra cosa buena es que si lo pensamos bien tenemos mas suerte de lo que pensamos, porque otras muchas provincias o carecen de comida, de dinero, y de salud…

Pero también tiene inconvenientes como que normalmente hay muchos coches y mucho trafico y eso lleva a la contaminación, tanto ambiental, como sonora. También somos muchos y nuestro ritmo de vida (normalmente el de los trabajadores) es muy ajetreado.

Pero en vez de describir Madrid al pie de la letra os voy a contar un cuento y así la juzgáis por vosotros mismos:


La niña Margot

Hace mucho tiempo, en las bellas calles de Madrid, una niña llamada Margot de 13 años ganduleaba alrededor de arbustos y matorrales.
Era una niña de pelo largo y negro y flequillo hasta debajo de las cejas,
Muy alta, estirada y delgada desconocía su pasado y sobretodo su futuro. No tenía padres ni familiares cercanos. Había leyendas que decían que sus padres la abandonaron cuando era pequeña en esa zona de matorrales en donde sigue ahora. Otros que vino desde el cielo, y otros que era el demonio.
La verdad era una niña tenebrosa que llevaba toda su vida viviendo en una zona d arbustos en frente de una casa llamada la Casa Negruzca.

Está deshabitada desde hace muchos años y a veces se oían gritos desde dentro.
Margot, que nunca había entrado allí temía ese lugar por completo, pues era muy oscuro y ni se quería imaginar lo que había dentro. Madrid es era, en aquellos tiempos, muy peligrosa y se imaginaba botellas rotas, sangre… y de todo, pero mejor no mencionarlo.

El caso es que un día Margot mientras estaba comiendo algún sándwich
caducado oyó un grito en la casa. Ella con la intriga de saber quien gritaba socorro entró en la verja que daba al jardín de la casa.
Pasó por un camino lleno de piedras y hojas preciosas, el jardín estaba bastante cuidado…Entró en la casa y subió unas escaleras en forma de caracol y subió a la planta de arriba. No había ningún mueble, no había nada solo una chica de más o menos 16 años sentada en el centro de la sala. Margot se acercó a ella e intentó calmarla, ya que parecía muy asustada. La chica le contó su historia, siempre llevaba viviendo en Madrid y siempre la gente se había portado mal con ella, ya que no estaban en un barrio muy adecuado…
Margot y Angélica se hicieron amigas y encontraron una solución a sus problemas.
Directamente se cogieron un autobús, se fueron al centro de Madrid y pudieron observar la verdadera y preciosa cuidad. Se dieron cuenta de que no todos los lugares eran perfectos y que había sitios preciosos en cada cuidad y sitios… malos…
Fueron a un orfanato y cada una encontró una familia que las cuidó, y las enseñó Madrid.

A si descubrieron lo lindo que tiene Madrid y lo malo.


HECHO POR: LA CHICA ARGENILEÑA

Manhattan

ÉL

Raquel empezaba el día como otro cualquiera. La misma rutina de siempre. Ir al instituto, fingir que atendía y volver a su casa. Este era su lugar preferido, para ser más exactos, su habitación. Se podía pasar horas sin salir de allí.
Le aburría el instituto y se pasaba las clases dibujando. Más de una vez le habían llamado la atención por hacer esto.
Ese día era como cualquier otro. Por fin última hora. Las clases de matemáticas se le hacían cada vez más largas. Esa tarde sería un poco distinta, no la pasaría en su cuarto pintando, leyendo o simplemente escuchando música como de costumbre. Las amigas de Raquel le habían propuesto ir de compras al centro y ella había aceptado. Tampoco las consideraba sus amigas, para ella más bien eran simples compañeras de clase.
Sonó el timbre. Se fue rápidamente y sin despedirse de nadie, pues tampoco hablaba con mucha gente. Además ya sabía a qué hora habían quedado; por tanto, no perdió más tiempo y se marchó a su casa.
Miró al reloj, ya casi era la hora. Le daba muchísima pereza tener que marcharse justo en ese momento, que estaba a punto de acabar un cuadro que le había llevado meses pintar. Pero aún así, se quitó la camiseta que solía llevar en esos momentos, cogió el abrigo, algo de dinero -aunque nunca gastaba nada- y se fue.
En la puerta del metro ya la estaban esperando. Se oyó:
- Vamos Raquel, que nos van a cerrar las tiendas.
Ella se dio toda la prisa que pudo, pero sin llegar a correr. Cuando se reunió con ellas dijo:
- Lo siento chicas, me he entretenido.
- Pintando, ¿verdad? – Dijo Clara- Llegarás lejos si sigues pintando así.
Raquel se encogió de hombros e hizo una seña para que entrasen en el metro. No le gustaba hablar del futuro, al contrario: le aterraba.
En el trayecto, sus amigas no dejaban de hablar y reírse por cosas a las que ella no les encontraba sentido. Se sentía de algún modo diferente al resto de sus amigas, de la gente de su edad, diferente al resto del mundo.
La voz que sonaba por megafonía anunciaba la próxima parada: “Callao”. Allí se bajarían y comenzaría lo que tenía que ser una tarde divertida para cualquier chica normal. Pero Raquel no se sentía así. Estaba deseando que se pasase rápido y llegase pronto la noche. Al menos eso pensaba antes de salir del metro.
Primero fueron a Gran Vía y por allí estuvieron bastante tiempo. Sus amigas querían entrar en todas las tiendas, les gustasen o no. Cuando ya les pareció suficiente y ya habían visto todas y cada una de las tiendas, una de ellas sugirió ir a merendar a una heladería que había es la Puerta del Sol. A todas les pareció bien, incluso a Raquel.
Iban por la calle Preciados. Había mucha gente, por lo que era un poco agobiante. Se tuvieron que poner en fila de uno para poder caminar y avanzar unos pocos metros. Raquel iba la última. Caminaba pensando en sus cosas con la mirada fija en el suelo para no pisar a nadie.
Empezó a notar una presencia extraña, como si una mirada se le clavase, esa sensación la percibía en un lateral. Levantó la vista y allí estaba.
Le estaba mirando fijamente, y ella ya no pudo apartar la vista de él. Todo se paró – al menos para Raquel - hasta que alguien le dio un empujón. Cuando se recuperó, volvió a mirar en su dirección, pero él ya no estaba.
Siguió su camino y por fin llegaron a la heladería. Una vez dentro consiguieron sentarse en una mesa que estaba en mitad del local. Allí también había mucha gente, por lo que para comunicarse tenían que hablar a voces.
Raquel estaba pensando en el extraño chico que acababa de ver, cuando le vio de nuevo a través del cristal. Estaba en la calle. Seguía observándola con atención. Cualquiera hubiese tenido miedo de su forma de mirar, pero a ella le producía una sensación que nunca antes había experimentado.
Pensando en esta sensación se sintió ridícula, pero empezó a reírse y entonces le vio sonreír a él. Era la sonrisa más bonita que había visto hasta entonces. Se sorprendió de sí misma cuando se vio diciéndoles a sus amigas:
- Me ha parecido ver a un conocido ahí fuera. Ahora vuelvo, voy a saludarle.
Y se fue. Las chicas la vieron salir por la puerta. Esa sería la última vez que la verían.
Al salir, Raquel vio al chico y se dirigió a él. Antes de poder decirle nada, él la cogió y le dio un abrazo. Ella se sorprendió, pero se dejó abrazar por él. Él la fue soltando y el abrazo fue desapareciendo. Cuando Raquel se recuperó de lo que acababa de pasar, miró a su alrededor y se dio cuanta de que ya no se encontraban en la Puerta del Sol, sino que estaba en lo más alto de un rascacielos, desde donde se veía todo Manhattan. Allí era de noche. Allí estaba él.



Tarya

Madrid-Quino

Hola, os voy a contar mi vivencia como extranjero, de lo que siento y veo en Madrid.
Comenzaré con la llegada a España, como casi la mayoría lo hace por avión; pues bien, no tuve inconvenientes por tener documentasen regla y, además, por la reagrupación familiar.
La policía me revisó mis papeles, y me los entregó con un bienvenido a Madrid; todo esto en el aeropuerto de Barajas, qué extraño, sentí que mis cartas están ya dadas y elegidas para pasar y estudiar aquí, en Madrid que es la capital española y de la comunidad provincial, es decir, todo en el corazón de este país.
Ahora, luego de aclimatarme en 1 o 2 días, salí a recorrer y conocer esta ciudad, ustedes dirán por donde comencé pues bien, lo hice desde el punto cero que es: la puerta de SOL, eje principal desde donde se conoce, como puntas de una estrella, el origen y partida de sus principales calles y de su numeración de cero para arriba que es su orden, fácil, verdad, sean para el Norte, Sur, Este u Oeste.
Me sorprendió, el campanario y su reloj al conocer que aquí dan las últimas campanadas del año y, con fiestas y alegrías reciben el año nuevo. Así que con este conocimiento recibo mis días de provenir, venideros.
No podía faltar el conocer el monumento y reconocido mundialmente que es el de su Oso y el Madroño, parado en sus miembros posteriores, tratando de alcanzar su copa.
Así me veo, con la cabeza en alto, en alcanzar una formación profesional, para mi seguridad laboral y por un bienestar económico.
Hago estas menciones porque sus puntos y monumentos turísticos no solo sirven como adornos y obras de arte; sino también, dependiendo de los diferentes puntos de vista, pueden significar y darse a interpretar diferentes maneras; una de ellas, la que les hago participe.
Así que, Madrid tiene sus secretos y sus códigos, como toda capital del mundo, que hay que descubrir e interpretar sus atractivos.

QUINO




¡Madrid!
Seis letras y nada más.
En la M , va el encanto.
En la A , la esperanza.
En la D , está la amistad.
En la R está el amor.
En la I está la ilusión.
En la D la amistad vuelve a estar.
Toda la pasión de Madrid
¡Madrid!
Seis letras y nada más.
Dale tu beso a la I.
que es pequeña a no poder más.
En la D saca tu amor.
Seis letras y nada más
y vuelta a empezar.
Pope

19.4.08

Madrid con mayúsculas




Madrid, Madrid, Madrid, pedazo de la España en que nací por algo te hizo Dios la cuna del requiebro y del chotis… sonaba esa canción en un bar donde los abuelos eran los principales clientes. Pasaban allí toda la tarde con sus cartas, su copita y sus puros. Cuando de repente un joven entro a comprar tabaco, según abrió la puerta todos los ancianos dejaron de jugar para observarle. Ya que era muy extraño ver a una persona de esa edad por allí. Llevaba unos vaqueros desgatados y con algún que otro roto de fábrica, un polo de Tommy y unos náuticos.
Pero bueno vamos a concentrarnos en ese joven que entró. Se llama Alejandro o como más le gusta que le llamen Alex. Tiene dieciocho años que cumplió el día anterior. Y nuestra historia comienza ese mismo día de su dieciocho cumpleaños.
Era un diez de Junio, y el único pensamiento de Alex y sus amigos eran las vacaciones de verano, que ya estaban a la vuelta de la esquina. Pero ese día era de él y solo para él. Tenía ganas de una buena fiesta, ya que hacia tan solo unas semanas su novia le había dejado. Se levanto con toda la ilusión del mundo, hacia tiempo que su rostro no lucia una sonrisa tan brillante y verdadera. Llamo a su mejor amigo Gero, y le dio la triste noticia de que ninguno de sus colegas esa noche podían salir. Pero tras la desilusión Gero intento animarlo:
- venga niño que no pasa nada que salimos tú y yo, ya veras que fiestecilla más guapa nos vamos a montar.
- No se tío, si me apetece un montón, pero es que me jode, ¿sabes? Que solo es un día que podían haber hecho un esfuerzo.
- Mira Alex no te rayes, pasa de todos esos que son unos pipas. Salimos nosotros que no necesitamos a nadie más.
- Bueno vale, es que tú si que eres un colega no como el resto.
Llego la noche y Alex se puso sus vaqueros preferidos, desgastados y con algún que otro roto de fábrica, su polo de Tommy y sus náuticos. Gero fue a buscarle a eso de las once y media, se pidieron un taxi y se marcharon.
- Gero, ¿se puede saber a donde vamos?
- No te impacientes Alex, es un garito muy guapo donde no nos va a faltar de nada.
Llegaron y todo estaba muy solitario solo se escuchaba la música que salía del pub.
Alex abrió la puerta y de repente la música se apago y todo su interior estaba oscuro. Y sin que pasara más de un segundo la gente que más quería salió de sus escondites y grito a coro: “¡SORPRESA!” Justo después del fondo se empezó a ver una luz. Era Gero que llevaba una tarta con ni más ni menos que dieciocho velas. Comenzaron a cantar el cumpleaños feliz. Gero cada vez estaba más cerca de su amigo al que se le podía notar que hacía todo lo posible por no llorar. Una vez que Alex y Gero estuvieron cara a cara Alex podía leer en la tarta: “Con todo nuestro amor, estaremos muchos más cumpleaños a tu lado”.
El desmadre comenzó, barra libre, un garito solo para ellos, mucha gente joven y sobre todo y lo más importante muchas, muchísimas ganas de fiesta. Drogas, alcohol y sexo eso no podía faltar en una noche madrileña y menos en cumpleaños. Alex en un momento de risas vio como la puerta se abría y la vio a ella. Sus miradas se cruzaron solo un segundo, pero a él le basto para poder enamorarse. Rápidamente Alex preguntó a la persona que tenía más cerca quien era ella. Le dijeron que era una chica nueva en el barrio, que había llegado hacía una semana y se llamaba Elsa. Alex sin pensarlo se acerco y la dijo:
- ¿qué pasa que se celebra una pedazo de fiesta por mi cumpleaños y no piensas felicitarme?
- ¡hay! perdona debes de ser Alex, ¿no?
- Correcto.
- Pues muchísimas felicidades.
- Pues muchas gracias, ¿y como es que tú por aquí?
- Encontré en mi buzón una invitación, y no se aquí no conozco a nadie y me pareció buena idea pasarme y así me relacionaba un poco con la gente de aquí.
- A pues de lujo, espero que te lo pases genial, si necesitas algo solo búscame.
- Vale, gracias.
Al poco rato Elsa se acerco a Alex y le susurro al odio que si le aparecía dar una vuelta, que estaba muy agobiada y necesitaba tomar el aire. El se ofreció sin pensárselo.
Madrid, Madrid, Madrid, pedazo de la España en que nací por algo te hizo Dios la cuna del requiebro y del chotis…sonaba esa canción en un bar donde los abuelos eran sus principales clientes.


Segundo ciclo de la ESO

La princesita

Las fiestas de San Isidro



A las fiestas de San Isidro va la gente vestida de chulapos, gozan, ríen y bailan.
Los niños son los más guapos, la comida, el vino y la feria es lo que despierta la admiración de los madrileños, que entre cantos, gritos y aplausos, los artistas han realizados sus sueños.

Las familias pasean
los niños juegan
los músicos tocan
y el día se agota.

La caída del sol
anuncia el fin de un largo día
y los jóvenes se amanecen
esperando un nuevo día.

Los museos y los teatros
es lo que mas buscan los turistas
pero en las fiestas de San Isidro
van todos juntos Españoles y turistas.



Madrid, de día tranquilo.
Madrid, de noches oscuras.
¡Cada día en Madrid
es un día de locura!

Ciudad llena de cultura,
de museos abundantes
¡por sus calles y callejas
circulan los caminantes!
Caminantes ciudadanos
y caminantes turistas
visitan nuestros museos...
¡famosos hasta en revistas!

Los días son de trabajo,
las noches para la fiesta,
así terminas cansado...
¡pero tenemos la siesta!


Así la vida en mi ciudad
parece una locura
pero como decimos aquí...
¡con un cocido se cura!

POR GUCCI




Hacía mucho que no llovía. Me gustaba que lloviese. Me encantaba sentir la lluvia en mi cara y en mis manos. Pero era imposible salir de la clase, salir a la calle, quitarse el abrigo y ser ... y que ser,
¿Acaso libre?
Sería eso acaso la libertad, dudaba bastante de aquello y de lo que mi cuerpo podía percibir en este momento. Hacía frío y el sol estaba de huelga contra la contaminación que todo lo cubría ya. Necesitaba sol.
La verdad que escuchaba a la profesora como un murmullo indescriptible. No paraba de hablar. ¿Hablar de quién? No sabía nada en realidad de nuestro mundo, aun así seguía recitando todo su saber ante, ante nada. No éramos nada y yo era menos que eso ya. Ojalá volviera a llover pronto. La próxima vez saldría a la calle, me quitaría el abrigo y sería... sonó el timbre. Sonó desgarrando un murmullo ya constante y perteneciente al silencio de las aulas. El silencio no existía, era impensable, más sabiendo que ya era la hora, la hora de escapar de aquella cárcel de libros inexplicables, que nos contaban de todo y no nos decían nada. Que hablaban de mundos que no existían, de lugares inalcanzables, de números infinitos y de nada que nos diera algo, algo que fuera nuestro en realidad.
Demasiados libros que colgaban de mi espalda. Eran las aulas cárceles, los profesores guardias y las mochilas las bolas, que nos mantenían unidos al suelo.

El viento golpeaba la cara, el cuerpo y el alma. Era un viento que luchaba contra todo, era un viento que intentaba barrer lo malo y nosotros estábamos dentro. Me pareció una conocida mano golpeándonos hacia atrás para que no mancháramos el mundo a nuestro paso.
-¿Que te pasa perra?
Miré atrás. Intentaba encenderse un cigarro pero el viento apagaba la mecha mucho antes de que se encendiera el mechero. Su pelo negro se mezclaba con el viento dándolo forma.
-Joder, fumando desde los trece y que aún no sepas encender un puto piti.
-El puto viento de los cojones que no deja de dar por culo. Vayamos a un portal.
-Al mío, que la mochila me está matando la espalda.

El cielo seguía gris y estaba lleno de agua, a rebosar, Dios porque no llovía, porque era tan difícil que lloviera en la capital. Con un empujón abrí la puerta, la cerradura estaba estropeada desde hacía tiempo, pero a nadie pareció importarle mucho. Simplemente era más cómodo abrir con un empujón que sacar las llaves.
-No tardo.
-Voy llamando a estos. Píllate pelas.
Antes de desaparecer por las escaleras, me volví a verla. Había conseguido encender su cigarro y lo fumaba nerviosamente mientras marcaba el número. Sus delgados brazos no eran más que la sombra que se reflejaba de su vida. Vida como la de todos aquí ya, más que vida, pues no contaba como ella, era una sobrevida, una vida paralela a la nuestra. Un refugio para protegernos de nosotros mismos. Al llegar a mi casa, aún pude oír sus gritos por el móvil y su risa nerviosa. Pude oler el humo de su cigarro subiendo por la escalera como una sutil niebla mortífera.

Cerré la puerta tras de mí. Una amplia penumbra lo cubría todo, sólo se escuchaba la radio sonar mal sincroniza del vecino. No había nadie, nunca había nadie. Tiré la mochila contra la pared y me apoyé sobre ella. Estaba cansada. No podía verme las ojeras pero las sentía pesarme en los ojos. Solo quería dormir.
En la pared del frente del salón se veía la foto familiar de cuándo éramos pequeños. Tan sonrientes, tan felices, tan inocentes. Golpeé con el pie la puerta de la entrada para cerrarla, no quería seguir viendo aquella maldita foto. Cogí cinco euros de la mesita de llaves y cerré la puerta como siempre, sin importarme lo que dejaba detrás de ella.
Los encontré sentados en el suelo. Se estaba rozando con uno, nunca le había visto. Aun así seguía sujetando el cigarro con una mano, mientras su cuerpo se adhería con el del otro. Me parecieron dos víboras sedientas, entrelazadas en una danza ondulante de escamas y piel. De veneno y saliva.
Me senté en la otra pared del portal. No tenía ganas de nada. Miré al cristal transparente de la puerta de hierro. No llovía. Solo quería que lloviese. Necesitaba aire fresco. Necesitaba salir. No se si se dieron cuenta de que salí del portal. Ni si quiera se si sabían que estaba ahí. Miré al cielo. Los rayos del sol se colaban por las nubes y hacían daño en los ojos sin ser vistos. El viento seguía golpeándome, pero necesitaba andar y lo que menos importaba era adónde.
Los bloques se iban sucediendo, unos detrás de otros. Los parques se encontraban embarrados y los columpios chirriaban por el viento que los empujaba
maquiavélicamente, quería asustarme solamente.
No podía pensar en nada. Sólo miraba al cielo esperando que lloviera, pero nunca llovía. No encontraba sentido a esta vida, nada tenía sentido, no la consideraba vida. Ya no tenía ilusiones, ni metas. Mi vida era una única rutina guiada por los hilos de una marioneta que tiraba de mí para vivir mi vida. Solo quería que lloviera, esa era mi única meta en mi vida, que lloviera solamente y después, y después de eso no había nada, un vacío tan grande como el cielo, como las nubes grises que lo cubrían todo.
Había llegado a un puente, mis pies me habían traído aquí, la puta marioneta era yo y alguien movía los hilos por mí. A cada peldaño del puente podía sentir el paso de los coches en mis piernas como leves sacudidas seguidas que hacían vibrar la suela de mis playeras. No se que carretera pasaba por debajo de mí, ni quien era la gente que iba montada en los coches. Solo sabía que estaba sola. Me agarré a la verja metálica con las manos. Estaba fría. En la parte de arriba era más gruesa que por abajo. Con cuidado levante una pierna y luego la otra. Estaba de cuclillas en la verja con las manos apoyada en ellas. El aire seguía golpeándome con fuerza y el cielo seguía estando igual de gris.
Sólo escuchaba el murmullo de los coches rozando la carretera debajo de mí. Miré al frente y ahí estaba, Madrid. Grandiosa y solemne como una diosa se extendía ante mí mostrándose. Era gris, de un gris oscuro. Podía ver la noche cernirse sobre ella y las tímidas luces empezaban a despertarse con tintineos de estrellas. Madrid no tiene estrellas en el cielo. Las tiene dentro de ella, guardadas en cajas de cristal. Y se están despertando. Detrás de mí pude ver el sol escondiéndose por donde las nubes no llegaban a tapar. Me pareció rosa, como un globo infantil, y la estela que dejó a su paso era de un único color. Púrpura.
Poco a poco fui despegando las manos. Estiré las rodillas lentamente haciendo equilibrio con las manos. Me erguí lo más que pude y estire los brazos hacia arriba. Simplemente era libre. El viento acarició esta vez suavemente mi cara. Algunos coches pitaban pero apenas le escuchaban, estaban lejos, muy lejos de mí. Me sentía feliz.
Una pequeña gota se estrelló contra mi nariz y resbaló por esta hasta llegar a mi boca. Estaba lloviendo. Por fin llovía en la capital. Me quité el abrigo y lo tiré al puente. Podía sentir la lluvia más que nunca en mi cuerpo. Únicamente podía gritar de felicidad.

En el mercadillo de Madrid




Todavía no eres mía
pero en mis sonrisas tu caerías
si leyeras mis poesías.

Te recuerdo aún
comprando unas rosas negras
en un humilde rastrillo
de las calles madrileñas.
Recuerdo cuando tropecé
con tus verdes ojos
recuerdo cuando tropecé
con tus labios rojos.
Recuerdo aquel callejón de Madrid
recuerdo gitanos vendiendo flores,
recuerdo aun tu sonrisa sin fin.

Y por estos motivos yo te pido,
que busques en tu interior
el amor correspondido,
ese amor perdido
que no ha desaparecido,
tan solo se ha escondido.


Ago

El hombre sin historias



A veces, nos trasladamos a los territorios de la ilusión.
Había un joven que se llamaba Isidro. Cortaba cañas y hacía cestos en su pequeño pueblo. Un mal año, las cañas escasearon por la zona. Las únicas cañas aquel año, se encontraban en un gran valle cercano a una gran ciudad.
Isidro se decidió. Le pidió a su esposa que le preparara provisiones y partió hacia la ciudad. Al poco de llegar al valle cortó un haz de cañas pero, cuando estaba a punto de atarlas, una neblina cayó a su alrededor. Isidro decidió esperar. Se sentó y comió sus alimentos. La oscuridad se hizo a su alrededor.
Asustado, se levantó: miró hacia el Este, miró hacia el Oeste y vio una luz. Caminó hacia ella y vio una casa grande que sobresalía entre otras muchas. Isidro asomó la cabeza por la puerta y en su interior vio a un anciano y a una anciana, los dos sentados. Lo saludaron llamándole por su nombre.
Pasado un rato, el anciano, le dijo:
-Cuéntanos una historia.
-No puedo-contestó Isidro-provengo de un pequeño pueblo donde suceden pocas cosas. Nunca he contado una historia.
-¿No sabes ninguna historia?
-Ninguna.
-Ve y saca agua del pozo-dijo el anciano-Haz algo útil.
Cogió el cubo, y lo dejó en el borde del pozo. En ese momento un golpe de viento levantó a Isidro. Fue llevado de Este a Oeste y cuando calló de nuevo al suelo, no pudo ver ni el pozo ni el cubo.
En este momento, Isidro vio otra casa, más grande que la anterior, en la que se realizaban los preparativos para una boda. Había mucha gente vestida con sus mejores galas, haciendo círculos por los distintos salones y daban la impresión como si le esperaran.
Isidro se colocó a un lado; pero un momento más tarde, un hombre corpulento se levantó y dijo:
-Esta celebración parece triste. Tendríamos que ir a buscar un músico, un violinista para que bailemos con alegría.
-¡Ah! Dijo una muchacha. No hace falta ir a buscar un violinista porque hoy tenemos aquí el mejor. Es él, es Isidro.
-¡No puedo! Nunca he tocado el violín. Aquí en la ciudad habrá grandes músicos, yo soy un simple artesano. No se nada de música.
-No me dejes por mentirosa-dijo-Eres el violinista que nos hace falta. Lo se.
De repente Isidro sostenía en sus manos un violín y tocaba tan bien que todos bailaban alegres.
El hombre corpulento detuvo el baile y dijo:
-Ahora hay que ir un sacerdote para oficiar la misa.
-¡Ah!-volvió a decir la muchacha. No hay necesidad de ir a buscar a un sacerdote, porque aquí tenemos al mejor sacerdote del país. Es él, es Isidro.
-¡Yo no tengo nada de sacerdote!-gritó Isidro-Llegué a este valle que rodea esta gran ciudad para recoger cañas y continuar con mi oficio de hacer cestos. Aquí en la ciudad, con tantas iglesias, conventos y monasterios habrá sacerdotes a cientos.
-Venga, venga-dijo ella-lo harás tan bien como un cardenal.
De repente Isidro estaba de pie frente al altar, con dos monaguillos a su lado, y llevando las ropas sacerdotales.
Celebró la misa y recitó palabras sabias que hicieron las delicias de novios, familiares y amigos. Todos los asistentes afirmaron que nunca habían asistido a una ceremonia igual.
En aquel momento, la novia sufrió un ataque de apendicitis, lo que hacía peligrar el banquete de bodas.
-Es necesario-dijo el hombre grandullón-ir a buscar a un médico para que opere de apendicitis a la novia.
-¡Ah!-dijo la muchacha-No se necesita porque hoy tenemos aquí al mejor ciudadano que puede haber en la ciudad. Es él, es Isidro.
-¡Si hay algo que no he hecho nunca en mi vida-aseguró Isidro-es ejercer la medicina! ¡Si ni siquiera la he estudiado! Aquí en la ciudad hay grandes hospitales, centros de investigación médica, incluso varias universidades de medicina.
-Venga, hombre, lo harás muy bien, como todo lo anterior.
De repente tuvo en sus manos el bisturí e Isidro abrió el vientre de la novia quedando ésta lista para continuar con los festejos de la boda.
Estando cantando y bailando todos los asistentes e Isidro escuchando alabanzas sobre las ventajas de vivir en la ciudad volvió a producirse en el jardín un brutal golpe de viento que se llevó a Isidro por los aires.
Fue llevado hacia el Este, hacia el Oeste, y cuando calló al suelo, se encontraba cerca del pozo.
Cogió el cubo y volvió a la casa. Allí encontró a los ancianos acompañados de un oso y un madroño. El animal, se lo habían regalado los miembros de un circo que dejaban la ciudad, ya que otros espectáculos les hacían la competencia y el madroño, explicaron a Isidro lo había dejado allí un ecologista escrupuloso para que diera algo de sombra y frescor al oso.
-Y bien-le dijo la anciana-¿Sigues siendo incapaz de contarnos una historia?


*Adartias*