Jacinta

"¡ Ay mamá!" -dijo Jacinta-" ¡que otra se ponga a estudiar! Es malísima la tinta, y la pluma abierta está, anda mamita ¡que me quiero ir a jugar!"
"primero escribe la plana, y luego lee la lección, anda, no seas holgazana, que si pones atención..."
"¡pero mamá! ¡si ayer mismo mi cuaderno se acabó!"
"pues aquí tienes otro que te regalo yo"
"¡si no hay sitio en la mesa!"
"pues en la pequeña si"
"¡yo no quiero en esa, que hay muy poca luz allí!, si alguien por mí escribiera, que abrazo le daba yo!"
Y yendo muy despacito, en la silla se sentó; puso su brazo en la mesa y dormidita se quedó. Llegó el gato al poco rato, se aproxima, da un pasito, su patita negra está, ¿que tendrá? ¡que la metió en el tintero, que salero! Paso arriba, paso abajo, no se cuantas vueltas dio, hasta que de un sobresalto, la niña se despertó:
"¡ay gatito que me has hecho!" dice llena de aflicción, y el responde satisfecho: "escribirte a lección"!.


