30.5.07

Sin Palabras


Tenía ya todo sincronizado, sabía a qué hora ella se sentaba en su clase. El observarla hacía que una corriente de satisfacción y alegría le recorriera el cuerpo: estaba locamente enamorado de ella. Se sentaba a las 9:00 de la mañana y siempre llegaba a clase tarde, pero le daba lo mismo ya que recuperaba el tiempo perdido con ayuda de sus compañeros.Esa mañana no asistió ha primera hora porque se entretuvo mirándola: era hermosa, tendría unos quince años, la melena larga, siempre suelta, de pelo liso, bien cuidado y brillante. E soñaba e imaginaba que acariciar durante horas su cabello, pero siempre le quedaba en sueños. Era tímido, no veía la oportunidad de poder entablar conversación con ella. Verla por la ventana del instituto empezaba ser una costumbre para él.
Tenía algún amigo que solía salir con su grupo: podía haber tenido la oportunidad de charlar con ella, cara a cara, contemplar su sonrisa y disfrutar de su mirada. Pero algo le empujaba a echarse para atrás por miedo a que la gente que le rodeaba lo notara incluso que ella notara su nerviosismo o le subiera la adrenalina: sentirse sonrojado le resultaba vergonzoso.
Un día, al salir de casa, la vio sentada en su banco. Sintió un nudo en el estómago que le hizo pararse en seco, cara a cara, frente a frente, no entendía por que su cuerpo no se movía, solo la observaba. En ese momento ella levantó los ojos hacía él; se aguantaron la mirada durante unos segundos que parecieron minutos, hasta que ella sonrió. Azorado, sólo acertó a esbozar una mueca parecida a una sonrisa; ella hizo un movimiento con la mano para que él se acercara y le hizo caso. Se sentó a su lado, no entendía nada, pero no podía dejar de pensar el lo maravilloso que era estar cerca de ella, sentir su respiración…ella le dijo que le conocía y que le llevaba observando todos los días. Cuando furtivamente la miraba por la ventana. Le dijo que esa timidez y esa constancia la gustaba y que por eso se situaba cerca de la ventana, para sentir cómo sus ojos la observaban. Le confesó que poco a poco quedó atrapada en ese juego, hasta el punto de no poder de dejar de practicarlo todos los días: presa y cazador enamorado. Finalmente, le cogió la mano, acerco sus labios a los labios temblorosos de él, después de susurrarle con dulzura que cada una de aquellas infinitas miradas fue una pequeña declaración de amor, una declaración de amor sin palabras.
Tamara Colotto Guillén.

29.5.07

Viejo robot vs viejo brócoli



Era se una vez en una piscicultura , en donde vivía un viejo malísimo llamado Viejo Brócoli, pensareis que es un nombre es un poco cutre pero ¡ yo no pongo aquí los nombres ¡ bueno, sigamos con la historia.
El tonto que siempre la caga se llama viejo robot, pero en realidad es un camaleón con un cristal incrustado en una zapatilla.
Mientras tanto en Ávila había una patata que buscaba una calabaza.
Bueno, seguimos en la piscicultura donde un hombre está haciendo algo malísimo.
-Voy a subir el precio de los peajes, pero que malo que soy-dijo una sombra. ¡no, no, no! Yo me refería al viejo brócoli, venga vamos a escuchar lo que nos tiene que decir
-Voy a matar al viejo robot- dijo viejo brócoli, mientras tira de la cadena y nos mira con cara de abeja.
Un día el viejo robot tenía que bañarse en un charco que había comprado en el botón del baño, en ese momento apareció una hormiga mojada en salsa barbacoa y justo después de venir la hormiga apareció el malo, desagradable y viejo ventanón de coliflor y le dijo si dormía con sandalias.
Ya hace cuarenta años de lo del baño y el viejo brócoli ha muerto sin conseguir su sueño, el de comprar en el día.
En cambio el viejo robot si ha conseguido su sueño, el de ser un bicho nudillo ¡ bien por él! Mis amigos del infierno me han dicho que el viejo brócoli se ha cambiado de peluca y de luciérnaga.
Durante los cuarenta años que han pasado lo más interesante fue que el narciso ha aprendido a atarse los pelos del bigote.
Seguimos ya en el presente, el viejo robot tiene el fiat aparcado, en el árbol del vaquero y se arrancó el sombrero por culpa de un cenicero con ojos de piel.
Han pasado cinco segundos desde lo del coche del viejo robot y tiene que hacer un trabajo junto a una canica que le supervisa.


Miguel Ángel Flores. 3C

El hombre de las cantimploras





Esto trata de un hombre que es calvo y vive con una cantimplora que pone la voz de Matías Prats, el hombre se llama excavadora, y vive en un piso habitado por una cigüeña y un transistor.
El piso mide cinco centímetros y es de sesenta metros cuadrados, pero la librería de la esquina es para montar a caballo.
Excavadora trabaja en una fábrica de barniz vendiendo batidoras a domicilio a gente que baila el aserejé, le va bien en su trabajo, su jefe es un mazapán y tiene el virus del taladro, pero lo malo es que no tiene epilepsia con muletas.
Los hobbies de excavadora son dormir mientras prepara un biberón, y salir a la calle con un flotador de mickey mousse.
El otro día le toco un sorteo para viajar al país de las vitrinas, así que él y cantimplora que sabía poner la voz de Matías Prats cogieron el avión y se marcharon.
Por el camino se encontraron con una regadera que les habló de una historia que le ocurrió con un secuestrador y las raspas de un pescado, pero mientras tanto ellos dos jugaban a los robots.
-Tengo hambre, dijo Cantimplora que sabía poner la voz de Matías Prats-
-No te preocupes, que yo no le he contado nada a mi suegra-
Respondió Excavadora mientras dirigía su mirada a un banco de la calle-
Se alojaron en un hotel donde podían dormir en el armario y tenían al lado el museo Cenicienta.
La historia terminó cuando Cantimplora aceptó el trabajo de disfrazarse del doctor maligno.
Y mientras la regadera seguía contando su historia y esa misma tarde hicieron un concurso de quién fabricaba más parachoques, ganó la señora de la limpieza.


Fin

Alejandro Bustos Guibelalde. 3C