20.4.08

¿Suicidio?


¡Vente a mi casa!- me dijo. Y yo me quede asombrado. Él nunca había invitado a nadie a su casa, ya que era rico y no quería que nadie le viese lo que tenía en ella.
Bueno me llamo Skroff y vivo en Rusia. No tengo familia. Mis padres murieron asesinados por no se sabe quién. Me gustaría descubrirlo.
Sergei era el que quería invitarme a su casa. Él tampoco tenía madre pero padre sí. Los dos teníamos veinte años y salíamos de acabar de hacer la carrera de criminología.

Un día me llamaron de una comisaría y yo me asusté, pero me dijeron que querían contratarme, dado que yo tenía mi gran carrera que me había costado mucho.
Y, al día siguiente fui, y cuál fue mi sorpresa de encontrarme a Sergei allí. Me explicó
que su padre era el jefe de la comisaría y claro…me dijo que el se había metido ahí también porque tenía que ajustar una cosa con un amigo de la infancia. Esto no lo entendí, pero bueno. También me dijo que él le había dicho a su padre que me contratase a mí. Sergei quería ser mi amigo, habrá tenido pocos me imagino. Su padre se llamaba Andrei y parecía un señor muy majo. Ese mismo día firmé el contrato y al día siguiente empezaba a trabajar.

En el primer día de trabajo, ya directamente, me mandaban a la capital de España (Madrid) para resolver un gran caso. Me dieron los papeles del caso y hacia allí me dirigía. Me tocaba ir con Sergei.
A los dos días llegamos a Madrid y nos alojamos en un estupendo hotel de cinco estrellas que había por el centro. Llegamos por la tarde y me quedé toda la tarde en el hotel estudiando el caso y buscando alguna pista que pudiese haber.

Llegó el día siguiente y no encontré nada. Era un caso en el un hombre estaba muerto en su habitación con la puerta cerrada y con una pistola en la mano. Parecía claro el suicidio pero yo no me daba por vencido desde lo de mis padres. Quería descubrir algo por si acaso.
En la casa vivía la mujer del hombre que estaba totalmente destrozada. La pobre lloraba sin parar y no pudimos hacerle interrogatorio sobre su marido y sobre ella. No tenían hijos. Eran jóvenes todavía para tenerlos. Se habrían casado hace poco.

Ese día por la noche me vi todas las películas sobre los mejores asesinatos y ¡ahí estaba!. Era una asesinato en el que el asesino estaba dentro de la habitación mataba a la víctima y luego salía de la habitación dejando dentro un aparato que parecía como un disparo y cerraba con un imán la cerradura de la puerta.

¡Esa era la cuestión! Solo faltaba descubrir quién y porqué.

La mujer parecía la gran sospechosa por eso fui a interrogarla inmediatamente.
Me explicó que su marido era un hombre con mucho dinero que no tenía problemas con la gente, ni debía deudas, ni nada. También que su marido era de Rusia y había venido aquí con 18 años, es decir, sólo llevaba dos. Tenía veinte, igual que Sergei y yo.
La mujer no me pareció ser la asesina, estaba desolada y no parecía nerviosa. La descarté de momento.

Un día me encontré a Sergei, él también estaba estudiando el mismo caso y decía que tenía que haber sido un suicidio, parecía un poco cabezota. Le intenté explicar que no tenía motivos para suicidarse pero él seguía en las mismas.

Me acerqué al lugar del crimen, miré unas cuantas cosas más y de repente vi en una esquina de la casa una pequeña marca de una suela de una zapatilla. Era completamente igual a la mía y estos zapatos sólo los usábamos los de la comisaría del padre de Sergei.

Entonces todo me vino a la cabeza. Sergei y yo éramos los únicos que estábamos en España. Recuerdo cuando me dijo que tenía que arreglar unas cuentas con un amigo. El muerto era de Rusia y tuvo que venir a España seguramente por lo que pasó con Sergei y era de nuestra edad. ¡Todo encajaba!. Sergei, mi amigo, era el asesino. Él habría visto también la película y lo planeó todo. Tenía que descubrir porqué lo mató.

Fui con unos cuantos policías al sitio donde se alojaba Sergei y lo detuvimos no puso oposición porque estaba rodeado y no podía escapar.
Le pregunté que porqué lo había hecho y me explicó que el Marat, que así se llamaba el muerto, había matado a su madre, cuando tenía dieciocho años, y por eso quería matarle.

Había resuelto mi primer caso. Evidentemente me habían echado (me echó Andrei) de la comisaría, ya que había mandado a su hijo a la cárcel durante una temporadita. Pero no iba a tener mucho problema en encontrar otro trabajo, porque soy muy bueno.

Todavía sigo buscando al asesino de mis padres y no descansaré hasta que lo encuentre.


SEUDÓNIMO: DINORSEO

2º CICLO DE ESO